sábado, 30 de abril de 2011

Ojos azules

Duró sólo lo que duran tres pulsos de un corazón que se acelera, pero fueron los más intensos que he sentido en largo tiempo. Y todo sucedió en un lugar tan impersonal, tan frío y tan duro como lo es para mi una estación de autobuses, que es el último lugar donde yo me esperaría encontrar esos ojos. Porque sólo me dio tiempo a mirarla a los ojos, pero supe desde el primer instante que era ella. Ella me miró extrañada.
La conocí hace tiempo, y nuestra relación no pasó de una buena amistad. Estoy casi seguro que ella no se acordaba de mí desde hace largo. Yo soy muy mitómano de la gente extraordinaria, y ella es una de esas pocas personas que se guardan en el recuerdo como modelo para intentar ser mejor. Creo que esa aportación a mi existencia ya es suficiente para tener un agradecimiento eterno, un lugar en mi memoria donde escribir con tinta indeleble su recuerdo. Quede aquí mi modesto homenaje, del que supongo nunca sabrá.
No me acerqué a saludar, no me atreví. Símplemente seguí caminando, tirando de mi maleta, hasta que la multitud nos engulló y desconectó nuestras miradas. No se si arrepentirme, estos encuentros me dejan tocado por largo tiempo. Sólo me queda la duda de si, remotísima posibilidad, también ella recordará ese momento como la mirada que duró tres pulsos de corazón que se acelera.

domingo, 20 de marzo de 2011

Desde el veintiséis de Febrero

Hacía mucho que no me pasaba por aquí. Desde el veintiséis de Febrero, para ser exactos. Mucho tiempo, y más en este mes de Marzo en el que cada día cambia tanto el mundo como el planeta. Podría hablar de cenas, o de óperas (no me defraudó para nada "La página en blanco" de Pilar Jurado, y eso para mi ya no es poco), de partidos de fútbol o de mis clases. Pero lo que quería contar hoy es que en el momento justo en el que doblaba unos calcetines a rayas moradas, en el mismo instante en el que sostenía el calcetín derecho en mi mano izquierda (sé que es el calcetín derecho porque estos en especial tienen una marca en un lado que los distinguen) y le superponía el izquierdo con la mano derecha para enrollar ambos sobre la mano y luego guardarlos en el cajón, he sido consciente de la brecha que se ha abierto en la realidad en estos días de imágenes de pueblos enteros arrasados por el mar, de japoneses con trajes blancos y mascarillas, de medios de comunicación y políticos, cada uno es su grado de irresponsabilidad, hablando de apocalipsis (la cosa ya está bastante mal como para frivolizar), días en que estamos en guerra con Libia y en los que no se que pensar sobre ésta, en los que hay muchas cosas que se me escapan ya no sólo por no entenderlas, sino por el hecho de que no sé siquiera que existen... días en los que percibo toda esta realidad como desde detrás de una catarata, borrosa y desenfocada. Sera por eso por lo que nuestros cerebros, como mecanismo de defensa, nos aislan de todo esto durante la mayor parte del día, y nos hacen pensar en cenas, en óperas, en partidos de fútbol o en clases. Pero a veces, por ejemplo mientras doblas calcetines, se produce una brecha en esa autodefensa. Una brecha, como en la propia realidad.

sábado, 26 de febrero de 2011

Días raros

Son estos días algo raros. Siempre he pensado que cuando algo funciona hay que dejarlo estar, y que cuando la cosa va mal, hay que cambiar el rumbo. Pero en esta sucesión de días raros es cuando me planteo hasta que punto somos fruto del azar, nosotros y nuestros actos, y que cambiar o no cambiar tampoco va a solucionar nada. Días en los que voy a ver Los Miserables al Lope de Vega, pagando una pasta, pues a alguien le cuesta aunque vaya invitado (gracias hermano), y me encuentro con un espectáculo con un gran potencial pero mediocremente interpretado por casi toda la gente que pasa por el escenario y me atrevería a decir por el teatro en general,que es bastante. Y entonces me pregunto si no seré yo el que tengo que cambiar, visto el teatro lleno y la gente puesta en pie y aplaudiendo a rabiar mientras la orquesta aún sigue tocando y los altavoces atronando. Y no digo más. Días en los que salgo de clase cansado y no me apetece nada ir a por una entrada para un espectáculo de mucha mayor calidad y notable menor precio. Días en los que apruebo exámenes en los que, a mi criterio, cometí errores que me podían haber llevado a un suspenso perfectamente justificado. Días en los que suspendo exámenes que están aprobados, pero que ante la falta total de criterio del examinador (¿o suspendedor?) suspendo. Días en los que la gente se comporta de forma extraña, y reprocha cosas con una falta total de memoria, y deja de decir verdades como puños...
Y todo esto estando convencido de haber actuado como debía (o quizás de la única forma que sabía), pero en los que todo ha salido, sino mal, al contrario de lo esperado o previsible.
¿Qué he de hacer?¿Cambiar, o dejarlo estar?
De momento me tumbo en la cama con un café a escuchar que algunos cambios no siempre son malos.


miércoles, 16 de febrero de 2011

Ya llegué arriba

Viene de aquí. Qué bien se está en casa.

Feedback

Cualquier actividad mínimamente creativa, como la que creo que debe ser el escribir un blog, necesita de alimentación mental del escribiente, pues a veces más, a veces menos, en cada entrada queda plasmada una creación de éste. Es por eso por lo que llevo tanto sin escribir en esta mi modesta bitácora, porque estoy falto de alimento para el espíritu. Para ser más exactos, estoy falto de las delicatessen de la vida que desencadenan en tu cabeza el proceso mediante el cual te sientas delante del ordenador e intentas escribir algo mínimamente interesante.
Bueno, pues ahora que he acabado los exámenes y tengo tiempo para perderlo en las cosas importantes espero que lleguen pronto los entrantes de lo que me alimentará para escribir estas entradas mías que aunque puedan parecer un mero accesorio, creo que en cierta medida forman ya parte de uno de los placeres de la vida.

viernes, 14 de enero de 2011

Sentado en el 4.3.

Vuelvo a casa tras la revisión de un exámen. 4.3. Una nota lo suficientemente alta como para que me de rabia, pero lo suficientemente baja como para saber que hay que hacer las cosas bastante mejor. En la revisión lo de siempre, fallos que no habías apreciado, y apreciación bien distinta de lo punible que debe ser un fallo. Lo dicho, lo de siempre.

Vuelvo a casa y subo por las escaleras para enfriarme antes de volver a coger la mochila. Y subo un piso, dos tramos de escalera de diez peldaños cada uno; subo otro piso, y otro, y otro... y al llegar al piso cuarto, al encarar el noveno tramo cuento: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... y me paro. Miro hacia arriba, se ve el final de la escalera. Tras el esfuerzo de los ochenta y seis escalones precedentes parece fácil llegar a casa, ya que una vez allí, en el peldaño ochenta y seis está buena parte del trabajo hecho, pero esos catorce escalones restantes son los que más cuestan, las piernas están cansadas, comienza a acelerarse la respiración y el aliento...

Me siento en el peldaño ochenta y seis, y me quedo un rato en el 4.3, con la certeza de que en algún momento, más pronto que tarde me levantaré para afrontar lo que me resta de subida y llegar a casa. Como no puede ser de otra manera.

martes, 30 de noviembre de 2010

Crick, crock.

Voy hacia clase de estadística cuando durante el corto trayecto por la calle que me separa de la Escuela extiendo la mano y ¡Pop!, un copo de nieve aparece en mi dedo índice. Me paro, me lo acerco a la cara, seguro que tanto como para ponerme bizco, y lo observo con detenimiento. En sus bordes se aprecian ramificaciones dendríticas, que al calor de mi mano se suavizan, para dar lugar a bastoncillos de hielo que dan paso a una gota de agua de núcleo helado, y luego a una lupa de mi huella dactilar.
Llego a clase y se percibe algo especial. Ya desde el comienzo se nota como todo el mundo no para de mirar por la ventana, y hasta el profesor estrabía un ojo para ver los grandes copos que golpean violentamente silenciosos sobre la ventana. Y yo ya me veo crick, crock, dejando mis huellas a la espalda, o pisando sobre las de algún desconocido que recorrió mi camino poco antes. Crick, crock, ya se acaba la clase, crick, crock, ya bajo las escaleras, crick, crock, ya me asomo a la calle para ver la acera y observar que la hora que ha estado nevando no ha sido suficiente para más que mojar el suelo, y humedecer la ventolera que viene hacia mi cara. Triste me vuelvo a casa, con la punta de la nariz congelada, y la esperanza de que para la próxima dure más la nevada para poder disfrutar del ruido que hacen los zapatos al pisar la nieve. Crick, crock, crick, crock, crick, crock...

sábado, 27 de noviembre de 2010

Bitácora de un día perfecto

Pensaba dar detalles (de hecho hay un borrador minuciosamente escrito) porque no quería que se me pasase nada del día de hoy, pero no los doy porque no es necesario. No me di cuenta mientras lo vivía, pero el día hoy ha sido un claro ejemplo de lo que quiero que sea mi vida. Me sentía cansado; todo el día en la escuela (pero si estaba cansado será porque estaba aprovechando el tiempo). Descansé después hablando, cocinando y compartiendo. Y al final del día me voy a la cama, reventado, y no puedo dormir. Estoy pensando, y creo que estos días en los que no pasa nada remarcable pero en los que por contra haces lo que quieres (o al menos no te ves haciendo otra cosa), estos días son días perfectos. Hoy me lo he pasado genial en el aburrimiento, en el cansancio, en el aprendizaje y en la redundancia, en la conversación y en el silencio, en la presencia y en la ausencia. Seguro que hubiese sido superable, mas aunque sé que no ha sido el mejor día del mundo, juro que ha sido mejor que cualquiera. Espero que me queden muchos más de estos. Quizás no me pueda dormir no por la experiencia de hoy, sino por la incertidumbre de mañana...

sábado, 20 de noviembre de 2010

Delirium tremens

Quizás más adelante el tiempo pase con violencia, como olas en un temporal que te dejan marcas en la voz, en el cuerpo y en el alma, pero de momento noto como pasa suavemente, como un airecillo que alborota un poco los cabellos, pero que ni molesta ni asusta; al contrario, sienta bien y reconforta. Pasan ya días de cumplir veintiuno, y tras esa modesta cifra creo que tengo muy pocas marcas en la cara, en el cuerpo o en el alma, que todavía estoy en un proceso de formación y transformación total, que me queda mucho por vivir, casi todo diría yo, y que lo que pesa hasta ahora, lo que quema en la voz, en el cuerpo y en el alma es aquello, mucho o poco, que no se ha dicho, o no se ha hecho, y que se sabe que ya no va a volver. "Sabes mejor que yo que hasta los huesos sólo calan los besos que no has dado".
Creo que queremos que comience a arreciar el temporal, y también creo que en medio de la tormenta desearemos sólo un día de juventud, de transformación, de aprendizaje... será que vivimos demasiado bien.

viernes, 22 de octubre de 2010

No se si llamarlo envidia

No sé si llamar envidia lo que siento cuando veo las movilizaciones en Francia en contra de la reforma de las pensiones. Y no por el hecho de que esté de acuerdo con los manifestantes o no, porque realmente no lo sé, sino por el hecho de ver a la gente en la calle protestando por lo que creen que es justo. Incluso no estoy seguro de que esto sea así. Ni siquiera sé si las imágenes que veo son sesgadas, puestas ahí por los medios para dar parte de una formidable protesta que nunca ha existido. En especial me han llamado más la atención las imágenes de los estudiantes manifestándose en París, Lyon y demás ciudades francesas.
Dicen que han salido tres millones de personas a la calle, no se si fueron menos. Estas protestas, que trascienden a nivel internacional. refuerzan mi sensación de que en el país vecino van todos a una, de que se dejan aborregar menos que el resto de países; en definitiva, de que el poder de ese país emana realmente del pueblo (o que al menos lo intentan), y no de los políticos que les gobiernan; y todo esto me hace sentir cierta envidia. ¿Seríamos capaces de hacer lo mismo en España?, ¿La gente se echaría a la calle para protestar por lo que cree justo?

Quizás lo que me haga sentirme raro es la duda acerca de si todo lo anterior es cierto, o que quizás todo esto lo digo por ésta foto, que ha despertado mi espíritu revolucionario, no sé...


(Huelga decir que estoy en contra de toda huelga o protesta violenta y fuera de formas, pero desgraciadamente cafres los ha habido, los hay y los habrá siempre).